PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Aparte de JAN, hay otros autores que también lo hacen bastante bien...

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XXStranger
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PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por XXStranger »

¿Cómo podíamos reírnos del hambre, el maltrato o la muerte? Un repaso a aquellos tebeos que leíamos los españoles y hoy serían impensables


Era gracioso que el padre de Zipi y Zape les propinase palizas o los encerrase en un cuarto lleno de ratones. También que Carpanta no lograse comer o que en Don Pío hubiese violencia doméstica. Eran otros tiempos, otra España y estos tebeos eran celebrados por toda la familia

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Una asistenta de hogar a la que su señora trata de forma despreciable, dos niños fumando, un padre que los encierra en un cuarto lleno de ratas... y todo era humor. Eran los años cincuenta y estos tebeos triunfaban en España.MONTAJE: BLANCA LÓPEZ


Hubo un tiempo en el que los cómics en España se llamaban historietas o tebeos, eran casi tan influyentes como el cine y mucho más accesibles que la televisión. El momento dorado de estas novelas gráficas fue, tal vez, la posguerra. Después de la guerra civil, aunque no se imprimían tantos como en los años setenta –cuando circulaban seis millones de ejemplares cada mes–, se calcula que cada número era visto por unas veinte personas de media. Muchas fueron las generaciones que crecieron leyendo estas viñetas que retrataban la sociedad española de una época a través del hambre de Carpanta, la represión sexual de Las hermanas Gilda o la rectitud en la educación de Zipi y Zape. Historias sobre miseria y pobreza en un país conservador y hundido por la contienda, donde primaba la defensa de las costumbres, la importancia de guardar las apariencias en sociedad a toda costa y una honda brecha entre clases sociales. Temas que, sin embargo, supieron amoldarse a la censura, valiéndose de un humor tan mordaz como imaginativo.

Con un lenguaje y características propias, algo de acción y grandes dosis de costumbrismo, la cultura del tebeo fue todo un fenómeno en España presente durante décadas. Aún hay cierta influencia de estas historietas que van de los cincuenta a los ochenta que apostaron por un tipo de humor que, para muchos, no pasa de moda. Ejemplo de ello son sus continuadas adaptaciones al cine o a la televisión, como el éxito en taquilla de Javier Fesser La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003), el Makinavaja que encarnó Pajares en 1992 o, más recientemente, el largometraje que transformó a Dani Rovira en el personaje de Superlópez (2018).

Aquellas viñetas retrataban emblemas de aquel momento, como la aparición de las primeras televisiones en los hogares, el abarrotamiento del tranvía, el papel de los porteros en los edificios vecinales, la forma de llevar el luto en sociedad o el escándalo que despertaban actividades como el estraperlo. Aunque las primeras historietas fueron dibujadas por José Luis Pellicer alrededor de 1872 y se considera a Dominguín el primer tebeo español (1915), este género de narrativa gráfica empezó su andadura dos años más tarde con la aparición de TBO. Una revista que, a cinco céntimos de peseta, alcanzó una tirada de 220.000 ejemplares cuando llegó la guerra. Una cifra más que decente en un país en el que todavía una de cada cuatro personas era analfabeta.

Pulgarcito, revista de la editorial Bruguera, apareció en 1921 y se convirtió en un referente de la historia de los tebeos en nuestro país. A través de sus páginas, varias generaciones pudieron divertirse con las andanzas de Don Pío de José Peñarroya, el drama diario de Carpanta de José Escobar, las cómicas situaciones a las que se enfrentaba La familia Cebolleta, de Vázquez, las maldades de Doña Urraca, de Jorge, o las aventuras de los legendarios agentes secretos Mortadelo y Filemón, aparecidos en 1958.


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Algunas de las viñetas en las que se muestra la crueldad que Don Pantuflo usaba cuando castigaba a sus hijos, Zipi y Zape.


Cuando llegó el conflicto civil entre las dos Españas, los tebeos empezaron a usarse como arma ideológica, aunque no dejaron de ser publicaciones dirigidas a niños. El ejemplo más vistoso lo tenemos en Flechas y Pelayos, de 1938: una revista infantil de temática guerrera y alta carga ideológica vinculada a la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. y dirigida por un fraile. En sus páginas, los protagonistas eran niños que luchaban –siempre con éxito– contra sus enemigos ideológicos, a quienes ridiculizaban. “¿Para qué tendré que estudiar si, para matar rojos, que es lo que yo quiero, no se necesita?” es una de las frases que más ha trascendido de la primera época de esta revista.

“Cuando el bando franquista gana la guerra, la Vicesecretaría de Educación Popular decide que a estas historietas se les tiene que conceder un permiso por cada número que se publique. En la época, el papel era un bien escaso y solo unas pocas, como Flechas y Pelayos, consiguieron ayudas para costearlo”, explica a ICON el divulgador y guionista de tebeos Antoni Guiral. El resto se verían obligadas a adquirir el papel a precios prohibitivos, lo que explica el reducido tamaño de revistas como Los mil y un cuentos (1949), con un formato más parecido a un cupón descuento que a una publicación.

Pero este tipo de revistas doctrinarias perdieron fuerza a partir de 1949 y algunas se han diluido en la memoria. Hoy son material de hemeroteca. Fueron las historietas que ofrecen una caricatura costumbrista sobre familias o en entornos de trabajo las que quedarían en el recuerdo de muchas generaciones. Este tipo de cómic irrumpe con personajes muy diversos, pero que suelen seguir un patrón común: antihéroes en búsqueda de dinero o de reconocimiento social, explotados laboralmente, maltratados por sus familiares, clientes o patrones y que se enfrentaban en cada entrega a situaciones inverosímiles que solían acabar mal.


Zipi y Zape: la infancia en la posguerra, ¿parodia o realidad hiperbólica?


daptación de los iconos decimonónicos Max und Moritz de Busch) sean los personajes más reconocibles del ilustrador, aunque también trasciende Carpanta (1947), Petra, criada para todo (1954), Doña Tula, suegra (1951), Blasa, portera de su casa (1957), Toby (1967) u otros menos conocidos como Doña Tomasa, con fruición, va y alquila su mansión (1959). En realidad, Escobar, que había pasado más de un año en la cárcel acusado de simpatizar con partidos anarquistas, llegó a crear más de 30 personajes. No solo se le reconoce por su prolífica carrera, sino que los historiadores le atribuyen el mérito de haber sabido burlar a la censura: a pesar de las sutiles críticas al sistema que escondían sus viñetas, el régimen franquista le permitió seguir publicando durante más de medio siglo en Bruguera. Editorial que, por cierto, no tuvo reparo en fichar a ilustradores que habían sido reconocidos republicanos, como el propio Escobar, y que contó con firmas en sus páginas como Gabriel García Márquez, Marcial Lafuente Estefanía o el fecundo dibujante Francisco Ibáñez.


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Las hermanas Gildas, un retrato (cómico, según el año en que se lea) de la represión sexual femenina de la posguerra.



Resulta curioso que entre el fin de la guerra y 1955 –año en el que aparece una legislación con normas más estrictas para el tratamiento de los relatos que recogían los tebeos–, temas como el abuso de poder entre empleado y patrón, violencia, precariedad o hambre se traten, aunque disfrazados de sátira, con tanta naturalidad. Será a partir de entonces cuando las viñetas comiencen a dulcificar la crítica y la violencia de los personajes.

Estos cómics, como Carpanta o Doña Urraca, de finales de los cuarenta, son un “espejo distorsionado de la realidad del momento”, explica Antoni Guiral. “Hoy ese humor sería políticamente incorrecto, pero entonces la censura no actúa, entre otras cosas porque falta legislación”. Ejemplo de ello son las primeras series de los gemelos Zipi y Zape, que nos pasean por la estricta educación del momento, con duros castigos infundidos por su padre. Entre ellos, obligarlos a tomar aceite de ricino o a pasar la noche en el “cuarto de los ratones”, golpearlos con la zapatilla, amén de dedicarles insultos como “batracio”, “berzotas” o “gaznápiro”.


El tijeretazo de la censura en los tebeos


En las primeras viñetas que se dibujaron, el padre, Don Pantuflo, dejaba a sus revoltosos gemelos atados en las vías del tren, intentaba quemarlos o los enviaba a la “sala de tormentos”. Más tarde se suavizaron estos castigos por otros más anecdóticos. Guiral explica que “no dejaba de ser una parodia, pero ahí quedaba, y es que la violencia en las familias era un recurso habitual; en Don Pío (1947), de Peñarroya o en Matrimonio Calasparra (1948) de Nadal, vemos esposas que propinan a sus maridos verdaderas palizas. Otro ejemplo claro lo tenemos en Don Berrinche, (1948) de Peñarroya: un malhumorado señor de buena posición, que siempre ejerce su autoridad valiéndose de un garrote con un afilado clavo, o en Doña Tula, suegra, también de Escobar, que refleja esa concepción de suegra agresiva y desagradable, la cual se dedica a maltratar a su yerno en todos los niveles”. Esta última acabó siendo prohibida por “atentar contra la indivisibilidad del matrimonio”.


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¿Cómo podíamos reírnos del hambre, el maltrato o la muerte? Un repaso a aquellos tebeos que leíamos los españoles y hoy serían impensables
Era gracioso que el padre de Zipi y Zape les propinase palizas o los encerrase en un cuarto lleno de ratones. También que Carpanta no lograse comer o que en Don Pío hubiese violencia doméstica. Eran otros tiempos, otra España y estos tebeos eran celebrados por toda la familia
Una asistenta de hogar a la que su señora trata de forma despreciable, dos niños fumando, un padre que los encierra en un cuarto lleno de ratas... y todo era humor. Eran los años cincuenta y estos tebeos triunfaban en España.

Una asistenta de hogar a la que su señora trata de forma despreciable, dos niños fumando, un padre que los encierra en un cuarto lleno de ratas... y todo era humor. Eran los años cincuenta y estos tebeos triunfaban en España.MONTAJE: BLANCA LÓPEZ











Hubo un tiempo en el que los cómics en España se llamaban historietas o tebeos, eran casi tan influyentes como el cine y mucho más accesibles que la televisión. El momento dorado de estas novelas gráficas fue, tal vez, la posguerra. Después de la guerra civil, aunque no se imprimían tantos como en los años setenta –cuando circulaban seis millones de ejemplares cada mes–, se calcula que cada número era visto por unas veinte personas de media. Muchas fueron las generaciones que crecieron leyendo estas viñetas que retrataban la sociedad española de una época a través del hambre de Carpanta, la represión sexual de Las hermanas Gilda o la rectitud en la educación de Zipi y Zape. Historias sobre miseria y pobreza en un país conservador y hundido por la contienda, donde primaba la defensa de las costumbres, la importancia de guardar las apariencias en sociedad a toda costa y una honda brecha entre clases sociales. Temas que, sin embargo, supieron amoldarse a la censura, valiéndose de un humor tan mordaz como imaginativo.

Con un lenguaje y características propias, algo de acción y grandes dosis de costumbrismo, la cultura del tebeo fue todo un fenómeno en España presente durante décadas. Aún hay cierta influencia de estas historietas que van de los cincuenta a los ochenta que apostaron por un tipo de humor que, para muchos, no pasa de moda. Ejemplo de ello son sus continuadas adaptaciones al cine o a la televisión, como el éxito en taquilla de Javier Fesser La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003), el Makinavaja que encarnó Pajares en 1992 o, más recientemente, el largometraje que transformó a Dani Rovira en el personaje de Superlópez (2018).

Aquellas viñetas retrataban emblemas de aquel momento, como la aparición de las primeras televisiones en los hogares, el abarrotamiento del tranvía, el papel de los porteros en los edificios vecinales, la forma de llevar el luto en sociedad o el escándalo que despertaban actividades como el estraperlo. Aunque las primeras historietas fueron dibujadas por José Luis Pellicer alrededor de 1872 y se considera a Dominguín el primer tebeo español (1915), este género de narrativa gráfica empezó su andadura dos años más tarde con la aparición de TBO. Una revista que, a cinco céntimos de peseta, alcanzó una tirada de 220.000 ejemplares cuando llegó la guerra. Una cifra más que decente en un país en el que todavía una de cada cuatro personas era analfabeta.

Pulgarcito, revista de la editorial Bruguera, apareció en 1921 y se convirtió en un referente de la historia de los tebeos en nuestro país. A través de sus páginas, varias generaciones pudieron divertirse con las andanzas de Don Pío de José Peñarroya, el drama diario de Carpanta de José Escobar, las cómicas situaciones a las que se enfrentaba La familia Cebolleta, de Vázquez, las maldades de Doña Urraca, de Jorge, o las aventuras de los legendarios agentes secretos Mortadelo y Filemón, aparecidos en 1958.

Algunas de las viñetas en las que se muestra la crueldad que Don Pantuflo usaba cuando castigaba a sus hijos, Zipi y Zape.Algunas de las viñetas en las que se muestra la crueldad que Don Pantuflo usaba cuando castigaba a sus hijos, Zipi y Zape.

Cuando llegó el conflicto civil entre las dos Españas, los tebeos empezaron a usarse como arma ideológica, aunque no dejaron de ser publicaciones dirigidas a niños. El ejemplo más vistoso lo tenemos en Flechas y Pelayos, de 1938: una revista infantil de temática guerrera y alta carga ideológica vinculada a la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. y dirigida por un fraile. En sus páginas, los protagonistas eran niños que luchaban –siempre con éxito– contra sus enemigos ideológicos, a quienes ridiculizaban. “¿Para qué tendré que estudiar si, para matar rojos, que es lo que yo quiero, no se necesita?” es una de las frases que más ha trascendido de la primera época de esta revista.

“Cuando el bando franquista gana la guerra, la Vicesecretaría de Educación Popular decide que a estas historietas se les tiene que conceder un permiso por cada número que se publique. En la época, el papel era un bien escaso y solo unas pocas, como Flechas y Pelayos, consiguieron ayudas para costearlo”, explica a ICON el divulgador y guionista de tebeos Antoni Guiral. El resto se verían obligadas a adquirir el papel a precios prohibitivos, lo que explica el reducido tamaño de revistas como Los mil y un cuentos (1949), con un formato más parecido a un cupón descuento que a una publicación.

Pero este tipo de revistas doctrinarias perdieron fuerza a partir de 1949 y algunas se han diluido en la memoria. Hoy son material de hemeroteca. Fueron las historietas que ofrecen una caricatura costumbrista sobre familias o en entornos de trabajo las que quedarían en el recuerdo de muchas generaciones. Este tipo de cómic irrumpe con personajes muy diversos, pero que suelen seguir un patrón común: antihéroes en búsqueda de dinero o de reconocimiento social, explotados laboralmente, maltratados por sus familiares, clientes o patrones y que se enfrentaban en cada entrega a situaciones inverosímiles que solían acabar mal.


Zipi y Zape: la infancia en la posguerra, ¿parodia o realidad hiperbólica?


José Escobar, considerado por muchos el maestro del cómic español y un influyente cronista de su época, retrató muchos de estos personajes. Quizá los gemelos Zipi y Zape (nacidos en 1948 y considerados una adaptación de los iconos decimonónicos Max und Moritz de Busch) sean los personajes más reconocibles del ilustrador, aunque también trasciende Carpanta (1947), Petra, criada para todo (1954), Doña Tula, suegra (1951), Blasa, portera de su casa (1957), Toby (1967) u otros menos conocidos como Doña Tomasa, con fruición, va y alquila su mansión (1959). En realidad, Escobar, que había pasado más de un año en la cárcel acusado de simpatizar con partidos anarquistas, llegó a crear más de 30 personajes. No solo se le reconoce por su prolífica carrera, sino que los historiadores le atribuyen el mérito de haber sabido burlar a la censura: a pesar de las sutiles críticas al sistema que escondían sus viñetas, el régimen franquista le permitió seguir publicando durante más de medio siglo en Bruguera. Editorial que, por cierto, no tuvo reparo en fichar a ilustradores que habían sido reconocidos republicanos, como el propio Escobar, y que contó con firmas en sus páginas como Gabriel García Márquez, Marcial Lafuente Estefanía o el fecundo dibujante Francisco Ibáñez.

Las hermanas Gildas, un retrato (cómico, según el año en que se lea) de la represión sexual femenina de la posguerra.Las hermanas Gildas, un retrato (cómico, según el año en que se lea) de la represión sexual femenina de la posguerra.

Resulta curioso que entre el fin de la guerra y 1955 –año en el que aparece una legislación con normas más estrictas para el tratamiento de los relatos que recogían los tebeos–, temas como el abuso de poder entre empleado y patrón, violencia, precariedad o hambre se traten, aunque disfrazados de sátira, con tanta naturalidad. Será a partir de entonces cuando las viñetas comiencen a dulcificar la crítica y la violencia de los personajes.

Estos cómics, como Carpanta o Doña Urraca, de finales de los cuarenta, son un “espejo distorsionado de la realidad del momento”, explica Antoni Guiral. “Hoy ese humor sería políticamente incorrecto, pero entonces la censura no actúa, entre otras cosas porque falta legislación”. Ejemplo de ello son las primeras series de los gemelos Zipi y Zape, que nos pasean por la estricta educación del momento, con duros castigos infundidos por su padre. Entre ellos, obligarlos a tomar aceite de ricino o a pasar la noche en el “cuarto de los ratones”, golpearlos con la zapatilla, amén de dedicarles insultos como “batracio”, “berzotas” o “gaznápiro”.


El tijeretazo de la censura en los tebeos


En las primeras viñetas que se dibujaron, el padre, Don Pantuflo, dejaba a sus revoltosos gemelos atados en las vías del tren, intentaba quemarlos o los enviaba a la “sala de tormentos”. Más tarde se suavizaron estos castigos por otros más anecdóticos. Guiral explica que “no dejaba de ser una parodia, pero ahí quedaba, y es que la violencia en las familias era un recurso habitual; en Don Pío (1947), de Peñarroya o en Matrimonio Calasparra (1948) de Nadal, vemos esposas que propinan a sus maridos verdaderas palizas. Otro ejemplo claro lo tenemos en Don Berrinche, (1948) de Peñarroya: un malhumorado señor de buena posición, que siempre ejerce su autoridad valiéndose de un garrote con un afilado clavo, o en Doña Tula, suegra, también de Escobar, que refleja esa concepción de suegra agresiva y desagradable, la cual se dedica a maltratar a su yerno en todos los niveles”. Esta última acabó siendo prohibida por “atentar contra la indivisibilidad del matrimonio”.

El caso de Carpanta, un hombre que vive bajo un puente y que nunca consigue saciar su hambre, es una de las muestras más significativas de este tipo de historietas. “Es muy curioso que la censura dejara pasar este tema durante tantos años”, explica Guiral, aunque a Carpanta también le llegó el momento de ser mal visto por los censores y a punto estuvo de desaparecer, puesto que, según argumentaron, España era “un país de abundancia en el que no se pasaba hambre”. Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, relató lo siguiente: “En una escena de 13 Rue del Percebe, en la calle había un perro comiéndose tranquilamente un hueso. ¡Pues resultaba que aquel perro se estaba lamiendo su miembro viril! ¡Hostia! Llegaba un momento en que para hacer una línea recta te lo pensabas. ¿Cómo lo interpretarán estos señores de la censura?”.



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Niños cogidos por las orejas, niños secuestrados en un parque de ratas. Por aquel entonces era algo natural y divertido. Son viñetas que pertenecen a Zipi y Zape.



La legislación siguió endureciéndose después de 1967. A El Capitán Trueno (1956) le despojaron de sus armas, a uno de los personajes de 13 Rue del Percebe (un científico que creaba monstruos) lo eliminaron porque “solo Dios podía conceder vida” y el moño de una de Las hermanas Gilda fue acusado de fomentar el erotismo. Quizá la queja de la censura que menos se entendió fue la de La Familia Trapisonda (1958), un matrimonio que vivía con su hijo y su sobrino, y a quienes, de un día para otro, se les convirtió en hermanos, puesto que el matrimonio no podía “ser una fuente de conflictos”.

Asimismo obra de Francisco Ibáñez, 13, Rue del Percebe (1961), fue una de las series más alabadas e ingeniosas, por haber sabido recoger “todo un espectro sociológico del franquismo”. Entre ellos, el negociante al que le persiguen los acreedores, la mujer que realquila una y otra vez habitaciones de su piso –hoy, en la era de los minipisos y los escandalosos precios del alquiler, deja una interesante relectura–, el tendero que intenta engañar a sus clientes o el sastre desastre. Este retoma otro de los estereotipos: la incompetencia en lo profesional, algo visiblemente caracterizado en Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio, serie que, un lustro más tarde, sería dibujada por el mismo autor.

Releyendo tantas historietas con una vasta galería de personajes, vemos prácticas y costumbres que hoy nos resultarían impensables. Hablamos de la forma de divertirse, la manera de retratar el alcohol o el tabaquismo, los eventos sociales, la familia, el colegio y, de forma muy llamativa, el papel de la mujer en los tebeos, casi siempre asociada al cuidado del hogar y de la familia. En estos años de boom nace en los tebeos un género nuevo: el cómic sentimental, cuyo argumento nos presenta a una joven cuyas únicas aspiraciones se basan en encontrar un marido que le solucione la vida. Mariló, Lupita y (en menor medida) Florita intentan ejemplificar este rol de la mujer española. En los sesenta empieza a variar un poco, incluso aparecen historietas en las que se narra la incorporación de mujeres a profesiones bien valoradas. Es el caso de Mary Noticias o Lilian, azafata del aire.


Del principio del fin del boom del tebeo hasta el día de hoy


La irrupción de nuevas fuentes de entretenimiento: la televisión, el videojuego y, más tarde, Internet, fueron paulatinamente privando al tebeo de la aceptación con la que un día contó. La democracia trajo la entrada y popularización de creaciones procedentes de otros países: especialmente los cómics norteamericanos y el manga japonés, como el éxito Dragon Ball. Con ello, las revistas españolas de tiras humorísticas se fueron despidiendo del mundo editorial. Valga como símbolo el adiós de la legendaria TBO en 1998, tras ocho décadas de publicación ininterrumpida. La gran excepción la encontramos en El Jueves, la única revista de este tipo que se mantiene en la actualidad. Nacida en plena transición, en 1977, el magazine satírico acumula cuatro décadas de presencia en kioscos, a pesar de sus problemas con la justicia (fue secuestrado por injurias) y vista con malos ojos por la Corona o por el Papa. Hoy cuenta con 434.000 lectores mensuales.

Aunque los tebeos siguen presentes en el sector del entretenimiento y se celebran encuentros tan relevantes como los Salones del Cómic (el más importante, el de Barcelona acogió a 112.000 visitantes en la última edición celebrada), su popularidad dista mucho de acercarse a la de los años dorados de la década de los cincuenta. Las cifras hablan por sí solas: con el 2,7% de facturación a nivel global en el sector editorial, en 2019 se publicaron aproximadamente 2.193 títulos de cómic en España y se vendieron unos 4.343 ejemplares en total. Aunque el 75% de los cómics que se leen en España son producciones extranjeras, la tendencia es alcista en comparación con los últimos años y España sigue siendo uno de los países europeos con un público más fiel al sector.



Mortadelo y Filemón: el clásico que nunca dejó de ser un éxito de ventas



Si hay dos personajes fácilmente reconocibles por todos, estos serían Mortadelo y Filemón: la pareja de torpes detectives creada por Ibáñez en 1958. Aunque también antihéroes, se alejan del tipo de cómic social y apuestan por uno más ficcional. “No hay muchos personajes de nuestra historia de los cómics que hayan sido protagonistas de series de animación, álbumes de cromos, anuncios televisivos o campañas de publicidad de grandes empresas”, escribe Guiral en su libro Cuando los cómics se llamaban tebeos. Los peculiares agentes especiales cuentan con 214 álbumes publicados y han vendido más de 29 millones de ejemplares. En sus historietas se ha repasado la historia reciente de España y, hoy, su presente: podemos encontrar a Pablo Iglesias, el rey Juan Carlos I, Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría o Pedro Sánchez. Las historias de Mortadelo mueven en la actualidad el 20% de la cuota de mercado, seguidas por colecciones de Marvel, Astérix o Tintín.

Así, el clásico de Ibáñez se ha ido reinventando a lo largo de sus seis décadas de historia abordando la actualidad política, deportiva o social de cada momento, como podemos ver a lo largo de títulos como ¡Llegó el euro! (2000), Mundial 2010, La Gripe U (2010) o Sueldecitos más bien bajitos (2015). Encontramos casos muy claros en uno de los más vendidos: Corrupción a mogollón (1994), historieta que parodia el caso Roldán y la corrupción en general; en el también éxito de ventas El Tesorero (2015), que aborda el escándalo de Luis Bárcenas o en ¡Elecciones! (2015), un verdadero repaso satírico por la esfera política del país. Estos títulos demuestran, una vez más, que estas historietas, además de entretener, siguen siendo un termómetro de las preocupaciones de un país. El último título publicado data de junio de este mismo año: Tokio 2020, en el que –a diferencia del resto de la humanidad–, Mortadelo y Filemón viajan a la capital japonesa para vivir los Juegos Olímpicos. A veces el cómic refleja la realidad, pero en otras, como en esta, existe en él una vida paralea en la que el virus nunca irrumpió.



FUENTE: https://elpais.com/icon/cultura/2020-11 ... 1606034173
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magin
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Re: PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por magin »

¿Qué vende ese artículo? ¿Algún libro benevolente con la censura actual disfrazada de pedagogía?
Sospechoso, sospechoso. Tome nota, teniente.
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Patastratos
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Re: PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por Patastratos »

Por añadir el dato que falta, el artículo está firmado por Itziar Matamoros.

Creo que lo más sensacionalista del artículo es el propio título del "¿Cómo podíamos reírnos de...?", y el subtítulo. Cuando lees el artículo, se ve que está todo un poco más matizado, pero la verdad que el titular ya predispone a que el listado de ejemplos de humor que no podrían tener lugar hoy se interprete más como crítica que como una mirada retrospectiva de cuánto han cambiado las cosas.

En mi opinión, el titular y subtitular del "¿Cómo podíamos reírnos...?" pasa por alto el contexto social, donde la violencia estaba normalizada, los castigos físicos estaban integrados en la educación familiar y escolar, la soltería se veía como un mal, etc. Los tebeos no dejaban de ser un espejo de esta sociedad, desde una perspectiva intencionadamente cómica. Aquí la diferencia es que la sociedad de entonces cambió y no tenemos a mano la antigua con la que comparar, pero las páginas que se pintaron entonces permancen, con sus mismos valores inalterados.

También se critica que Carpanta parodie el hambre; lo contrario habría significado que ningún tebeo hablase del tema (ya que en tono serio no estaría permitido), y que por tanto, según los tebeos no existía hambre ni mendicidad en España. Que se consiguiese burlar a la censura y plasmar el hambre existente dentro las páginas de un cómic, aunque fuese en clave de humor, tiene más de actitud crítica que de complacencia, a mi modo de ver.

Al margen de esto, me llama mucho la atención algunos cifras que dan. Yo pensaba que al Jueves le quedaban dos días, pero si el volumen de ventas es 434.000 lectores mensuales, pues la verdad es que goza de muy buena salud. Por otro lado me parece increíble que hoy en día Mortadelo y Filemón siga copando el 20% del mercado de tebeos en España, ¿lo podéis confirmar alguno? En este caso no se aportan fuentes, pero vamos significa que 1 de cada 5 tebeos vendidos es un MyF.
"¡Maldición! Necesitamos conseguir cacahuetes sin cloperotaraska ni patastratos... ¡Ahora mismo!"
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Re: PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por pablo »

Se lo he comentado ya a la autora, que lo que menos me ha gustado del artículo es que hayan utilizado imágenes que he escaneado yo para mis artículos en Canino...

Parece un artículo de encargo, para llenar un hueco. Noto las fuentes que ha utilizado porque yo también las leí mucho en su momento. En ese sentido, me parece que es más que nada repetir y repetir lo que ya se ha dicho... pero con la vista puesta en un artículo de periódico para un público casual. Quiero decir, que ahí es donde le veo la fortaleza, sorprender a un lector casual.

Sobre el enfoque, es el estilo que se lleva actualmente: titulares sensacionalistas que no tienen nada que ver con el contenido. Con otro titular y encabezado nadie se habría escandalizado, porque el artículo no pretende decir nada provocador. De hecho es lo malo que tiene hablar de cómics de Bruguera para el gran público. Los únicos ganchos para atraer son la nostalgia pura y blanca (contenido vacío e irrelevante, buenismo...) o la polémica (plagios, negros, corrección política...) Con cualquier otro enfoque nadie te iba a leer.
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magin
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Re: PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por magin »

A mí me sorprende que la gente riera de la mitad de las peils de Mortadelo y Filemón o de Torrente.
Escribo esto un 28 de diciembre que supuestamente es el "Día de los Inocentes" entendido como día de las bromas. Nunca he sabido si esas broman han traspasado el espacio de las redacciones de prensa para ir al resto de la sociedad, y yo casi que solamente conozco la tradición por historietas de Bruguera.
Si nos vamos al origen: es el día que conmemora la matanza de "inocentes" niños por parte del rey Herodes, algo que luego ha sucedido muchas veces pero que, de gracia, poca.
Ahora bien: lo que transciende del humor y de la comicidad es el saber reírse de los grandes problemas. El humor negro entra ahí directamente. Puede que en la acomodada España del siglo XXI, la gente tenga mucho miedo a perder la play o la cuenta de Netflix y por eso haya más gente con cierto pánico a reírse de o sobre cuestiones peligrosas: el hambre, que es lo que hace Carpanta, y tantas otras debilidades individuales y sociales.
La misma explicación de Ibáñez sobre que no tenía intención de hacer un álbum sobre el Covid-19 me hace sospechar que está más en línea con lo que la sociedad demanda que otra cosa. Curiosamente, la programación televisiva navideña ha tenido muertes y muertos y lesionados graves de todo tipo (por asesinato en mil series y por enfermedad en otras, con chistes en cuentachistes antiguos y monologuistas modernos) y nadie ha puesto el grito en el cielo.
Cuando lo mismo o menos se vende como "rompedor", "underground", etc, entonces, recordemos, pueden tener hasta series de la MTV (han matado a Kenny y tal), comenzada en 1997 y con temporadas aún en 2019. ¿Es aceptable algo cuando se envuelve con uno u otro papel, con uno u otro aparato de marketing? Mi respuesta es que sí.
Sospechoso, sospechoso. Tome nota, teniente.
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Re: PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por Patastratos »

pablo escribió:Parece un artículo de encargo, para llenar un hueco. Noto las fuentes que ha utilizado porque yo también las leí mucho en su momento. En ese sentido, me parece que es más que nada repetir y repetir lo que ya se ha dicho... pero con la vista puesta en un artículo de periódico para un público casual.
Pues sí, argumentar el contenido este artículo es replicar a Antoni Guiral, que precisamente es uno de los autores que van a representar mejor la opinión "oficial" de los amantes de tebeos que escribimos en estos foros.

Como bien dices, lo mejor de este artículo es haber sido capaz de trasladar a las masas los contenidos de un libro escrito por un teórico de cómic, que de otra manera no habría llegado. Lo peor, el título y subtítulo; habrá que recordar eso de "no dejes que la realidad te arruine un buen titular". :roll:
magin escribió:¿Es aceptable algo cuando se envuelve con uno u otro papel, con uno u otro aparato de marketing? Mi respuesta es que sí.
Pues yo también lo creo. Me llama la atención que hay ocasiones que algunas cosas cuelan inexplicablemente, otras que no. Pienso que hay más factores aparte del envoltorio o el marketing, sino también el momento, si saltan o no ciertas "alarmas" más ruidosas, qué opinión es la que prevalece entre todas las que se oyen, etc.

Como ejemplo de "incorrectismo" (lo entrecomillo por el alto grado de subjetividad) que pasó por alto cuando la lógica me presagiaba un aluvión, recuerdo este extracto de un concierto de Julio Iglesias, que era de 2011 pero se hizo viral en 2016, en el que sacaba a una fan al escenario y bueno... hacía varias cosas reprochables cuando ya estaba bien asentado el movimiento #meToo. Y no oí hablar de boicots, o campañas similares a las que se organizaron contra Jorge Cremades en el mismo año, más bien me pareció que se le rió la gracia.

Otro ejemplo de machismo que pasó desapercibido fue la propuesta de Manuela Carmena de crear una cooperativa de madres que limpiaran los colegios, sin mencionar a los padres varones. Se criticó la medida de pretender ahorrar costes a base de dar trabajo sin remuneración a los padres, pero para mi sorpresa apenas leí críticas sobre el sesgo sexista que acompañaba a la medida, y que asociaba las labores de limpieza al sexo femenino al mencionar solo a las madres y excluir a los padres.

He puesto dos ejemplos sobre sexismos porque es uno de los temas "tirantes" de hoy en día y me han venido esos dos ejemplos a la cabeza, pero hay muchos otros. Otro más: que el programa "Entre todos" de 2013-2014, que no dejaba de ser un ejercicio de mendicidad televisada, se emitiera en una cadena pública durante casi un año, pues me parece otro ejemplo de algo que inexplicablemente coló. Es verdad que acabó cancelado, pero el hecho de que ese programa diario aguantara tantos meses en antena cuando no debería haber durado ni una semana me parece para reseñarlo.

Un ejemplo actual de algo que me sorprende que siga adelante sin que haya grandes voces críticas es el programa de "Máster Chef Junior" (sé que le gusta a mucha gente, pero así lo veo): que con dinero público se promueva un programa que expone a menores de edad ante los españoles en un entorno artificiosamente competitivo y aplicando unos claros criterios mediáticos me parece totalmente gratuito y negativo, además de ocupar un lugar en la parrilla que podían tener una función más socialmente positiva, que me parece que en una TV pública debería ser una función pareja a la de entretener. Las únicas críticas al programa que leo no son más que puntuales por eventos concretos (que tiren comida, algún comentario de un participante...), pero nunca al formato completo. Seré yo solo porque tampoco me gusta el programa... :roll:
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magin
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Re: PAIS dice que los cómics de Bruguera no tendrían cabida hoy

Mensaje por magin »

Estoy básicamente de acuerdo con Patastratos... pero, si tenemos que hablar de los valores de la tele pública desde 1993 (Qué Apostamos) hasta el 2020, más vale que abramos un apartado en el offtopic.

Sobre la estatua de Ibáñez... no sabía yo que había estatuas dedicadas a autores. Benito Jacovitti tiene una. Lo hemos comentado Otros personajes NO de Jan:
https://www.tripadvisor.es/Attraction_R ... olise.html
Sospechoso, sospechoso. Tome nota, teniente.
>2000 maginotecas
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